La Felicidad está en la Autenticidad
APRENDER A VOLAR IMPLICA SER FIEL A UNO MISMO
Y NO CEDER A LOS CHANTAJES EMOCIONALES DE OTROS
Aprender a vivir como somos y como queremos en lugar de adaptarnos a las exigencias y expectativas de los demás es una tarea ardua que requiere de determinación y constancia para no caer en las redes de la comodidad, ni del chantaje emocional de nuestros seres más cercanos.
La emancipación es fomentada tanto por culturas occidentales, consideradas evolucionadas, como la estadounidense, como por algunas tribus indígenas, tachadas de tercermundistas, pero que realmente se rigen bajo valores que nunca deberían pasar al olvido. Sus ritos de iniciación son la entrada al mundo de los adultos en las que los iniciados son considerados aptos para tomar las riendas de su vida.
Parece que sobre occidente, y cada vez más en oriente, donde el turismo está creando necesidades que no existían, sobre los recientemente iniciados en la madurez, pesa la losa de alcanzar el éxito por encima de vivir de acorde a uno mismo. La concepción de éxito tendría una connotación distinta para cada persona, pero en general, los valores que nos dicta la sociedad están relacionados con la posición social y la riqueza. Por encima de los sueños de la mayoría de las personas, prima esa idea del triunfo y de la imagen.
Además de la buena disposición económica, el tener un cuerpo agraciado y eternamente joven, pasando o no por el cirujano, son mensajes publicitarios que prometen una falsa felicidad. Es alarmante que incluso programas televisivos hayan propuesto cambiar enteramente el físico de las personas, como única manera de quererse a si mismas y de encontrar su hueco en el mundo, como reclamo de las Clínicas de Estética y de los anunciantes.
Teniendo un listón, económico y social, tan alto que alcanzar, parece que solo queda aplicar la ley de supervivencia de Darwin, pisando al resto de las especies para sobrevivir. ¿Dónde quedan los sueños de uno cuando ya se ha conseguido un trabajo reconocido, una casa preciosa, un coche que es la envidia del vecindario? ¿Dónde quedan los sueños y la auto-estima si no se ha conseguido nada de eso y uno se siente un fracasado por ello? ¿No debería el hombre aprender a luchar por lo que realmente desea en lugar de tapar sus ilusiones con ideas de derrota? ¿Hay recursos y posibilidades en la tierra para todos o el inconsciente colectivo ha decidido que esto solo es posible para “los elegidos”? ¿En qué puede fundamentar su vida la gente que basa su “realidad” en lo superficial cuando la crisis pone patas arriba su existencia?
El largometraje francés “El Planeta Libre” (La Belle Verte) recrea, en una divertida comedia, la visita de unos seres muy evolucionados de otro planeta a la tierra, donde vienen a contribuir a la toma de conciencia de los seres humanos. Entre sus misiones está la de “conectar” a la gente con una visión de la vida más amplia, mediante la cual solo dan importancia a lo que realmente la tiene. El cambio de enfoque es tal que provoca en “los conectados” unos reajustes, físicos y emocionales, aparentemente cómicos, pero dramáticos si uno se para a pensar en la dureza del sufrimiento que provoca el despertar y el negarse al borreguismo.
El libro “Juan Salvador Gaviota” de Richard Bach narra el dolor de una gaviota llamada Juan que quiere volar más allá de los límites marcados por su Bandada. Si nos atrevemos a ser sinceros con nosotros mismos, bajo la excusa de ganarnos las habichuelas ¿Cuántos de nosotros no nos dejamos marcar la vida por las trampas de la comodidad, la seguridad y el chantaje emocional de nuestros maravillosos seres queridos? Muchas otras veces las presiones vienen de parte de seres poco queridos como jefes y compañeros que nos hacen mobbing. Se nos acosa arrinconándonos bajo la presión de la falta de valía y capacidad, y la amenaza del desempleo, cuando la mayoría de las veces, simplemente se nos está explotando y llevando al límite para rendir más, o bien ahorrar a la empresa el coste del despido.
Cristo decía “Sed mansos como palomas y astutos como serpientes”. Para ser uno mismo hay que querer desarrollar ambas capacidades y mantenerse en el intento como Juan Salvador Gaviota, que voló muy alto y enseñó a muchos a disfrutar de la puesta de sol en las alturas. La recompensa para los más osados.
MARIA CICUENDEZ














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